TOPONIMIA
Desde el punto de vista geográfico, Brión está dividido en dos zonas:
La primera, más próxima a Santiago, formando el valle de la Mahía, regado por el evocador río Sar.
La segunda, en la vertente del Tambre, la delimita este río por el norte formando el embalse Barrié de la Maza.
Tiene por vecinos a siete municipios: Ames, Negreira, Serra de Outes, Noia, Lousame, Rois y Teo, y cuenta con 75 kilómetros cuadrados y una población de 7.923 habitantes, que está en progresivo aumento gracias a la atracción que ejerce su proximidad a Santiago, a la belleza de los paisajes y al esmero en la ordenación urbanística.
La Mahía goza de un microclima ostensiblemente benigno: temperaturas moderadas y una considerable proporción de días despejados. El relieve es ligeramente ondulado, con alturas máximas en los montes que demarcan el término municipal por el sur: Santa Cecía en Bastavales y Pedra do Coro en Cornanda, que sirven de miradores respectivamente a las rías de Arousa y Noia. La altitud va desde los escasos 30 metros en la ribera del río Sar hasta poco más de 525 en los picos meridionales.
PARROQUÍAS
Conocemos el arte de estos primeros pobladores en los petroglifos del Coto Cornido en Boullón o en el monte Pumariño en Beca, con cazoletas y círculos concéntricos.
Ya con la llegada de los romanos a nuestro territorio, tenemos constancia de la calzada romana “per loca maritima” que atravesaba la parte norte del ayuntamiento camino de Brandomil y cruzaba el río Tambre por el desaparecido puente Pías. En la aldea de Cirro, en la parroquia de San Salvador, se encontró en el año 1963 de manera casual un mosaico y los restos de un “hypocaustum” romano (horno de calefacción), con pavimento de baldosas de barro rojo, pertenecientes a una “villae”.
La época medieval está en nuestro municipio profundamente marcada por la importante presencia de los Moscoso, dueños del castillo de Altamira y con posesiones por toda Galicia, desde Ribadeo a Corcubión, lo que indica su enorme poder. En el año 2021 se celebraron los quinientos cincuenta años de la famosa batalla de Altamira, lucha entre la Iglesia de Santiago, representada por el arzobispo Alonso II de Fonseca, y el sector nobiliario, representado por Lopo Sánchez de Moscoso, con el triunfo de estos últimos a los pies del Castillo de Altamira.
La llegada de los Reyes Católicos y su poder centralizado hace que la nobleza gallega se vaya trasladando a la Corte, con lo que comienza el declive de los diferentes castillos, quedando poco a poco la fortaleza de Altamira deshabitada y en total abandono en el siglo XIX. Hoy, los restos son propiedad de la Diputación de A Coruña, que es la encargada de acometer los trabajos para su puesta en valor.